Notas para convertir un centro educativo en un espacio libre de libros de texto

Notas para convertir un centro educativo en un espacio libre de libros de texto

Fernando Trujillo Sáez aprende por todos lados. Lee y escribe donde puede. Habla donde le dejan. Le gusta escuchar. Enseña en la Universidad de Granada. Enreda y crece en @conecta13.

La lista de proyectos de los que aprende es EXTENSA

Los títulos, experiencias, investigaciones y todo lo demás que compone su CV es INNUMERABLE

Cuando sus INTERMINABLES ocupaciones se lo permiten REFLEXIONAen su blog

NOTAS PARA CONVERTIR UN CENTRO EDUCATIVO EN UN ESPACIO LIBRE DE LIBROS DE TEXTO

Paso 1: Compartir una visión

Los docentes tenemos tres fuentes experienciales, fundamentalmente, para configurar nuestra teoría de la enseñanza, esa base de conocimiento solo parcialmente explícito que subyace y da sentido a nuestra manera de enseñar. Esas fuentes son nuestra experiencia personal como estudiantes, nuestra formación inicial relacionada con la educación (en el caso de aquellos docentes que la hayan tenido) y nuestra propia práctica educativa. A partir de estas tres experiencias, junto con las lecturas que realicemos, el contacto con otros docentes y el conocimiento que tengamos de experiencias distintas de la propia, cada docente configura su particular manera de enseñar y de entender la educación.

Pues bien, en buena parte de esas experiencias el libro de texto tienen una presencia importante. Muchos de nuestros recuerdos infantiles y juveniles están ligados a libros de textos y muchas de nuestras prácticas educativas han sido mediadas por libros de texto. En este sentido, el libro de texto es un símbolo claro de nuestro pasado educativa personal, y con frecuencia tendemos a mixtificar y a mitificar nuestro pasado.

Por ello, el primer paso para declarar una escuela como espacio libre de libros de textos es compartir entre todos los miembros de la comunidad educativa una visión clara del tipo de educación, de aprendizaje y, consecuentemente, de enseñanza que queremos desarrollar y que, entonces, nos planteemos seriamente qué papel juega en esa visión el libro de texto. Para ello el diálogo y el consenso son el punto de partida, como son siempre la base para cualquier proceso de innovación educativa que aspire al éxito.

Paso 2: Curar contenidos

Si el centro va a prescindir del libro de texto como guía para el aprendizaje, es necesario concentrar nuestros esfuerzos en realizar un proceso de curación de contenidos de calidad. Es decir, tendremos que diseñar buenas preguntas para guiar el aprendizaje, localizar fuentes de información fiables, gestionar la información para hacerla manejable y para encontrar datos e ideas relevantes, procesar la información para resolver las preguntas de aprendizaje y para elaborar un producto final que recoja las conclusiones que se hayan alcanzado en el proceso.

Este proceso implica contar con estrategias, destrezas y herramientas que hagan de la curación de contenidos una tarea asumible y factible. Quizás el mejor consejo en este sentido es que, antes de eliminar los libros de texto, la comunidad educativa se dote de una rutina de curación de contenidos en la cual el flujo de información transcurra con normalidad dentro del claustro, entre el profesorado y los estudiantes y entre el centro y las familias. Cuando la curación de contenidos sea una práctica normalizada dar el salto a prescindir del libro de texto no será hacer el salto del ángel en el vacío.

Paso 3: Practicar los infinitivos

En una conferencia reciente (septiembre de 2016) tuve la suerte de escuchar a Roser Batlle exponer una serie deinfinitivos que facilitan la tarea de diseñar proyectos de Aprendizaje-Servicio. Sin embargo, creo que esa lista de infinitivos puede ser extensible al diseño de cualquier proyecto en el marco del ABP (aprendizaje basado en proyectos) e incluso a las prácticas colectivas e individuales que se pueden adoptar en un centro libre de libros de texto.

Estos infinitivos para el diseño de proyectos son los siguientes: (1) transformar una experiencia previa de aprendizaje; (2) copiar un buen proyecto; (3) sumarse a un proyecto que ya se esté desarrollando; (4) ofrecerse a entidades y colectivos que gestionen proyectos educativos y (5) mapear necesidades y oportunidades del entorno que puedan ser afrontadas desde un proyecto de aprendizaje. Con este catálogo de infinitivos (a los que podríamos añadir los clásicos cortar y pegar) podemos reducir la ansiedad inicial cuando abandonamos el libro de texto y nos enfrentamos a la página en blanco: no es a través de nuestra (supuesta) genialidad individual como debe responder al reto de la enseñanza sin libro de texto sino por medio de nuestra inteligencia colectiva y sus productos colaborativos.

Paso 4: Revisar críticamente nuestras prácticas y materiales

Hacer de la escuela un espacio libre de libros de texto no puede tener como objetivo sustituir un material de calidad por unas fotocopias ilegibles, como denunciaba en junio de 2015 Michael Wilshaw[1], inspector jefe de la Ofsted británica. Ni tampoco puede contribuir a que en lugar de una secuencia didáctica pensada con esmero involucionemos a prácticas ineficaces. Si abandonamos el libro de texto tienen que ser para ofrecer una experiencia de mayor calidad, no peores prácticas y materiales.

En este sentido, es absolutamente necesario mantener un nivel alto de autocrítica hacia nuestras prácticas educativas y nuestros materiales. Nuestra efectividad como docentes pasa, en este sentido, por disponer de unos estándares de calidad ampliamente consensuados dentro del claustro para nuestras prácticas y nuestros materiales y que estén en línea con los objetivos establecidos, con las competencias que se deseen desarrollar y con las estrategias de evaluación que se vayan a poner en funcionamiento.

Paso 5: Usar herramientas y artefactos digitales

Una de las fuerzas motrices para la creación de espacios educativos libres de libros de textos es la incorporación de la tecnología e Internet al ecosistema educativo. Obviamente, sin ordenadores e Internet también se puede prescindir del libro de texto – tenemos muchos antecedentes y ejemplos en este sentido – pero es mucho más sencillo cumplir con eficacia algunos de los pasos anteriores (curación de contenidos, estándares de calidad, etc.) si contamos con la tecnología adecuada.

Así pues, para hacer del centro un espacio libre de libros de texto puede resultar de gran ayuda que seamos capaces de definir las actuaciones que queremos realizar en nuestra experiencia de aprendizaje y, a partir de ahí, que establezcamos qué artefactos digitales queremos crear y qué herramientas necesitaríamos. Para ellotendremos que considerar el nivel de competencia digital de los miembros de la comunidad educativa implicados y los recursos materiales (dispositivos, conexión, espacios) con los cuales contamos – asumiendo que la primera crece en el propio proceso de asumir nuevos retos y que los segundos nunca son los ideales pero sí tenemos que aspirar a que sean los suficientes para que la experiencia de aprendizaje sea satisfactoria.

Paso 6: Integrar el currículo

Una de las críticas fundamentales a los libros de texto es la contribución que han realizado a la compartimentalización del conocimiento en asignaturas estancas. En contrapartida, la definición del centro educativo como espacio libre de libros de texto debe aspirar a la integración del currículo superando así la división del mismo en materias, en casillas del horario y en materiales (aparentemente) mono-temáticos.

En este sentido, integrar el currículo supone una importante labor de colaboración entre distintos profesionales de la educación, y entre estos y otros agentes educativos externos al centro. Vincular las matemáticas y la física implica que diversos docentes trabajen juntos para acercar posturas, leer juntos el currículo, diseñar situaciones de aprendizaje conjuntas e incluso para localizar en el entorno a profesionales que a través del conocimiento de ambas materias resuelva problemas de la vida real.

Paso 7: Confiar en el proceso

¿Será sencillo hacer del centro educativo un espacio libre de libros de texto? No. ¿Será posible conseguirlo?Sí, sin duda, pues muchos otros centros lo han conseguido en el pasado y están en ese camino en la actualidad:podemos, en este sentido, confiar en el proceso.

No obstante, ¿merece la pena? Todos los indicios parecen indicar que sí, pero debemos estar alertas ante la más mínima posibilidad de no estar ofreciendo una educación de calidad por haber abandonado los libros de texto. Si vamos a hacer lo mismo o incluso algo peor, no es necesario cambiar nada.

Solo si ponemos todo nuestro empeño en realizar una oferta educativa de calidad a nuestros estudiantes debemos acometer este reto: nuestra profesionalidad está en juego, sí, pero sobre todo lo que nos jugamos es la ocasión de ofrecer a nuestros estudiantes una experiencia deplorable o una experiencia memorable. Esa es la responsabilidad que debemos afrontar en la decisión de hacer de nuestro centro un espacio libre de libros de texto.

[1]http://www.independent.co.uk/news/education/education-news/ofsted-chief-attacks-schools-that-give-pupils-worksheets-rather-than-books-to-take-home-10321792.html

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